Fernando Díez de Urdanivia (2011 ITESM)
“Había preparado un texto con la idea de que iba a tener un público, pues más o menos de avanzada edad y una parte del público también de jóvenes que son ustedes, pero vengo a encontrarme con la sorpresa de que en esta sala el único representante de la momiza soy yo. Entonces mi texto como que ya no va muy bien y voy a tener que hacerle adaptaciones porque si no, voy a estar diciéndoles cosas de las que ustedes no saben nada, simple y sencillamente porque son cosas pasadas que a ustedes ya no les tocaron”, afirmó el escritor Fernando Díez de Urdanivia.
Era la una de la tarde con diez minutos del 11 de abril de 2011, el aula playada de estudiantes y de algunos profesores del ITESM campus Cuernavaca se disponía a escuchar a la personalidad que estaba a punto de tomar el micrófono. Fernando Díez, con una guayabera gris, unos pantalones color café y una barba blanca, tomó posesión de la palabra con una frase de no más de de 7 líneas y que acompañada de la palabra momiza capta la atención de su inesperado público.
Después de haber sido presentado por la organizadora de la “Semana del libro” Ofelia Antuña Rivera y posterior a la introducción por parte del profesor Luis Navarro Roncero, Díez se encuentra ya al mando del micrófono interactuando con los espectadores situados en el Aula Magna del campus.
La dinámica de este evento se desenvuelve rápidamente, el autor de Libros y discos describe cómo afortunadamente a los miembros de esta presentación literaria les tocará escuchar música del pasado. Para este escritor ese es el fin de reuniones como la descrita a continuación, “que los jóvenes actuales no se desprendan como están ya desprendidos de lo que pasó en este país donde viven, que pasó hace años y de lo que ya no saben absolutamente nada,” así manifestó el expositor.
Habían pasado cerca de 20 minutos y ahora resuena en el aula un nombre del pasado, Agustín Lara. Eventualmente también aparecería el nombre de Luis Miguel, sin embargo sólo para hacer caer la primera anécdota del invitado Fernando Díez. La forma en la que él se define como un “adorador” del compositor mexicano y de cómo sus hijos pueden escucharlo sólo cuando Luis Miguel interpreta a dúo, clarifica cómicamente la temática de la conferencia y en efecto un mar de risas no se hace esperar. Como explicaría subsecuentemente Díez, esta historia serviría para ubicar a su público en el camino por el que él iría de guía.
“Hay que hacer un huequito dentro de nuestros gustos”
Súbitamente un derrame de notas musicales provenientes de la interpretación de un pianista sale sonoramente de las bocinas situadas en el techo del aula. Justo al momento en el que los golpeteos de las teclas terminan, es escritor Fernando Díez lanza la pregunta que pone a muchos a pensar: ¿Alguien reconoció esto? Ante esto se crea un fuerte balbuceo en lugar, y sin embargo dentro de los estudiantes y maestros, no hay alguno que dé la respuesta a tal cuestionamiento.
Unos minutos después, con una ligera sonrisa Díez explica a los presentes que se trata de una polka corrida cuyo nombre alude a las parejas de baile que corrían de un lado a otro durante la música. Esta pieza, del compositor Salvador Morlet titulada “Las bicicletas” y famosa durante varios años es interpretada en este caso por la pianista mexicana Marta García Renart.
La dinámica anterior se repite, ahora lo que brota de los aparatos de sonido del lugar es una música más tranquila, acompañada de violines. Entre el público los presentes intentan reconocer de alguna forma el nombre de la pieza, sin embargo ahora Díez contesta antes diciendo que se trata de un vals mexicano de fines del siglo XIX del autor jalapeño Ángel J. Garrido, a quien nadie conoce en su ciudad natal.
“Existen aun personas que disfrutan del vals mexicano, pero vale la pena hacer un huequito dentro de nuestros gustos para ir disfrutando de este tipo de música”, mencionó el escritor.
Siguiendo la ruta de los textos literarios
Sin abandonar el mecanismo del audio, pero pasando ahora a la parte literaria de la presentación de Libros y discos, Fernando Díez presenta el texto El monje extraño. Historia, relatada y escrita por el cuentero chiapaneco Eraclio Zepeda, que relata el encuentro inesperado de dos paisanos mexicanos en la India. Esta pieza de la literatura, explica Díez, es una de las que nunca fue escrita físicamente por Zepeda y que al contarla oralmente también la iba reinventando.
Haciendo un ligero cambio a la poesía, el invitado Fernando D. lanza nuevamente otra pregunta para abrir este tema: ¿Sí les suena el nombre de María Teresa Aviña, conductora de televisión? A lo que la respuesta resulta ser bastante parecida a la del inicio de la presentación. El maestro Díez subsecuentemente comenta que realiza con ella un disco de poesía femenina, cuyo primer poema comienza a recitarse en el aula y pertenece a Sor Juana Inés de la Cruz, autora que situó de nuevo a los alumnos dentro del mapa.
El organillo y la hoja de árbol
De vuelta a la música, el escritor previene a su público diciendo “estén listos para asombrarse”. El audio comienza y una melodía poco común penetra los oídos de los estudiantes y profesores de la institución que escuchan atentamente. Al terminar Díez pregunta el instrumento utilizado y el nombre de la pieza, parece ser que en esta ocasión hubo más suerte para el público, pues varios de los miembros acertaron al decir que el instrumento era la “hoja de árbol”. Y sólo uno de los espectadores acertó al responder que el nombre de la melodía era Perfidia. “Estas son tradiciones nuestras que se van perdiendo”, dijo el escritor y músico.
A modo de despedida Fernando Díez presentó una última pieza musical de otro de los instrumentos que a su juicio va en decadencia, el cilindro u organillo. La melodía conocida como La golondrina, interpretada a través de un auténtico cilindro comienza a sonar en el recinto, a la par de algunos de los estudiantes que se mecen de un lado al otro como si llevarán el ritmo de la música por dentro.
Es la una de la tarde con cincuenta y un minutos, ahora el profesor Navarro cede el micrófono a aquellos que quieran realizar ahora los cuestionamientos al invitado Fernando Díez de Urdanivia. Al principio los estudiantes penosos de su esperada y algo repentina intervención no se manifiestan muy animados, sin embargo unos minutos después brota el cuestionamiento de la alumna Vianey Fragoso Castillo, de la carrera en Comunicación y Medios Digitales: “¿De todos los libros que ha leído cuál sería su predilecto?”
El escritor respondió: “Yo elijo todos los libros que escribí, para tirarlos a la basura. Quien escribe y está satisfecho con lo que escribe, creo yo que está perdido”. Al inicio unas risotadas vuelan al aire, pero al finalizar la frase sólo queda un silencio reflexivo y un wow se abre paso entre las filas de espectadores.
Unas cuantas preguntas más se realizan y cerca de las 2:15 pm, el profesor Navarro toma el micrófono para hacer el anuncio del reconocimiento al que el escritor se ha hecho acreedor por parte del ITESM en su “Semana del libro”. Antes de que el profesor terminara de dar este informe los aplausos de los miembros del recinto unísonamente habían comenzado ya, algunos gritos y ovaciones resaltaron por encima de las palmadas. Oficialmente la presentación de Libros y discos había llegado a su desenlace.
Las percepciones de los presentes fueron muy similares a lo que la profesora de preparatoria del ITESM, María del Carmen Aramburo afirmó: “La conferencia fue amena, me gustó que siendo el tema de Literatura no se manejó de manera aburrida, hubo chistes, risas y los jóvenes la pudieron disfrutar.”
A pocos minutos de que la conferencia hubiera finalizado, Fernando Díez se levantó de su silla y se preparaba para dirigirse a la puerta, cuando cerca de 5 o 6 jóvenes con la oportunidad de explayar otras cuestiones ante él lo detienen por un momento más. Dispuestamente el escritor platica con ellos y les realiza otras confesiones más.
Retomándose el tema de la cultura en México, Fernando Díez expresa la existencia de una caída generalizada de los elementos de lo que se entiende por cultura y afirma: “Existe una responsabilidad el Estado, pero no de este o del anterior, sino que desde hace mucho se ha permitido que se vaya deteriorando lo que llamamos cultura, que de algún modo es un conjunto de elementos de sabiduría que se han ido perdiendo. Tomemos el habito de la lectura cómo ejemplo, ¿qué tanto leen?”. Entre los jóvenes se da un juego de miradas y sonrisas que dejan la idea del escritor clarificada.
Diversas cuestiones se trataron en ese momento entre los estudiantes y el maestro Díez, cuestiones de las que sólo unos cuantos estarán al tanto pero que amplió su conocimiento sobre quién es el autor de Libros y discos.
Las últimas frases de ese día y de la plática se pueden resumir en las palabras de la personalidad que visitó a los alumnos del ITESM: “La responsabilidad es nuestra, yo tengo que cultivarme aprender de donde vengo. Ustedes son lo que tienen que hacer que cambien las cosas.”