jueves, 20 de octubre de 2011

PUERTA 367

El gran Tigre Asiático
¿más indiferente que nunca?

Anabel Vázquez Frontana

Fuera del morbo social del que Youtube en más de una ocasión es intermediario, hoy se nos presenta la conmoción por la niña de la nación más grande del mundo, cuyo sufrimiento fue motivo de evidente desidia para muchos.

     En un parpadear veríamos en los canales de miles de aficionados chinos y de otras nacionalidades, los uploads masivos del video desgarrador de una niña de dos años siendo arrollada en dos ocasiones e ignorada por más de una docena de peatones que pasaban a su lado. En menos de un día ya habían, tan solo de los videos en español, más de 15 canales tanto de cadenas de televisión como de usuarios comunes que mostraban el video, con más de 19,000 reproducciones en promedio. Además la cantidad de comentarios ofensivos, sarcásticos, de indignación y de reflexión hacia China fueron casi inmediatos y sin cese en redes sociales como Twitter y Youtube.

     Los consternados padres de la pequeña Wang Yue, sufren hoy el hecho de que la niña se encuentra en un coma profundo, y pese a su dolor no pueden ser excluidos de su responsabilidad. Independientemente de la cultura occidental que nosotros tenemos respecto a los niños, es poco lógico pensar que una transeúnte tan pequeña no corra peligro en un mercado de herramientas en donde circulan, aunque a baja velocidad, principalmente camiones.

     Otra cuestión que tendré que someter a escrutinio personal es por qué en una calle que, según la grabación en el mercado de herramientas de la provincia de Guangdong, los pocos autos que transitan a una velocidad considerablemente baja, perdieron de vista a una niña que sí, en su descuido infantil empezó a caminar en el centro de la calle, pero que no por ello se hacía invisible.

     Parece ser que esa idea, hasta cierto punto, satirizada en México de: “mejor gastos funerarios que de hospitalización”, no se toma tan a la ligera por algunos conductores del país. Las declaraciones del primer conductor, de acuerdo al China Daily, dejan mucho qué pensar cuando afirmó: “si está muerta, podría pagar solo 20.000 yuanes -aproximadamente unos U$S 3.125-, pero si está herida, me puede costar cientos de miles de yuanes”.

     ¿Verdaderamente acaso la cultura china de abaratar gastos también implica hacerlo con la vida humana? Y ¿será que tal desidia e indiferencia hubiera estado relacionada con el género de la pequeña, que ni siquiera una madre transeúnte que pasaba, se conmovió para prestar ayuda a Wang Yue?

     En parte, por el hecho de que en China está instaurada la Ley del hijo único, las condiciones para las mujeres suelen ser deplorables, porque la cultura de que tener una hija puede resultar “más caro y menos productivo” existe aun en la mentalidad de muchos de los habitantes de este país tan grande.

     Ello me recuerda al viejo reportaje de 1995, Las habitaciones de la muerte (TVE) donde a consecuencia de aquella política de natalidad, la presión por preservar el apellido, entre otras cosas, degeneró en asesinatos masivos de bebes (féminas), abandonos y “orfanatos del infierno” donde las niñas enfermas morían solas encerradas en cuartos sucios.

     Ciertamente no puede decirse que todo en China es muerte y crueldad, y habría que cuestionarse entonces si lo que percibimos casi siempre de esta nación verdaderamente es más un arquetipo que una realidad. Pero algo es seguro, un país se define por su gente, por sus costumbres, por lo que hacen y no hacen, por cómo conviven sus habitantes unos con otros. A China la hacen los chinos, y la indiferencia tan flagrante de más de una docena éstos, ante una niña de dos años, nos hace preguntarnos si verdaderamente el gran Tigre Asiático ha creado hijos devotos al imperio pero muy poco a la humanidad.

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