Por: Anabel Vázquez Frontana
La película All the President’s men, basada en el famoso caso Watergate, permite visualizar un panorama de cómo el ejercicio periodístico desde siempre ha implicado una gran cantidad trabajo y esfuerzo, pero sobre todo de carácter. Tales características parecen resumir la personalidad de Carl Bernstein y Bob Woodward, los jóvenes periodistas del Washington Post que descubren una serie de eventos corruptos que han sido organizados por unos cuantos hombres y cuya conspiración se relacionaba con el candidato a la presidencia (reelección) y después presidente de los EE.UU., Richard Nixon.
En base a tales acepciones de la labor periodística, resulta impactante ver cómo Bernstein y Woodward tuvieron que soportar amenazas, desvelos, estrés y muchas otras experiencias desagradables para lograr conseguir una sola cosa, la verdad. Así, buscaban un nombre, una inicial, una hora o un lugar que les permitiera continuar hilando el camino que los hechos iban pintando y que los iban guiando a lo más profundo del asunto, que claro, al final los llevaba hasta los miembros del comité de reelección y Richard Nixon.
Un aspecto fundamental a resaltar es lo que podría ser una de las cuestiones más importantes de un periodista, “hacer hablar a la gente”. En ese sentido, Carl y Bob demostraron ese punto justo en el que se tiene que ser directo y asertivo, pero también en el que hay que crear una clase de rapport, si es posible llamarle de esa forma en este caso, para lograr que las personas pudieran abrirse con ellos y proporcionarles datos o nombres, aun cuando éstas se encontraban amenazadas. Es verdad que al menos por lo visible en el film no se podía pasar mucho tiempo con las personas o fuentes, pero de alguna forma había que aproximarse a ellos para crearles aunque fuera mínimamente alguna clase de confianza.
Además, Bernstein y Woodward demostraron otro elemento clave, una gran dedicación. Es decir, pasar días enteros sin conseguir ni una sola declaración o cooperación por parte de los testigos o empleados de los hombres implicados en el incidente del hotel Watergate, y aun así continuar, da un gran ejemplo de perseverancia. Y como bien dice la frase “el que persevera alcanza”, Carl y Bob acuñan un gran sentido a tales palabras.
Está claro que ambos jóvenes recibieron gran apoyo del editor en jefe del Washington Post, éste los alentó a tener pruebas sólidas y varias fuentes antes de “asestar el golpe”. Ello hizo posible que la publicación tuviera las consecuencias que tuvo, es decir, que fuera tan fuerte que ocasionara que Nixon dimitiera de tal posición gubernamental.
Existe una verdad y es que un periodista en su ejercicio profesional diario debe desarrollar varias de las características antes mencionadas, además del ingenio. Este último elemento, Bernstein y Woodward supieron utilizarlo muy bien, sobre todo cuando se trataba de obtener las fuentes. Tal es el caso de la dinámica telefónica, justo antes de que se hiciera la publicación en el periódico de su investigación, cuando Carl pidió una afirmación a través de que el entrevistado se mantuviera en la línea por diez segundos.
A través del ejemplo de estos periodistas es factible decir que el talento puede encontrarse en cualquier persona, independientemente de su edad y a veces una aparentemente pequeña acción, pero que se realice con dedicación y verdadero esfuerzo, puede cambiar drásticamente el rumbo de las cosas y en este caso de un país.
Carl Bernstein y Bob Woodward
Periodistas del Washington Post (1973)
Periodistas del Washington Post (1973)


Me gusta mucho este diseño, querida Anabel, está muy padre.
ResponderEliminarEl epígrafe que coloca me llama mucho la atención.
Estoy de acuerdo con lo de la dedicación, eso es ética.