lunes, 31 de octubre de 2011

Editorial-Ojos de tinta

Un espécimen distinto

El principio rector que muchos periodistas hacen suyo desde el primer día en el aula, es que la lealtad de su trabajo está únicamente con el ciudadano. La práctica y la experiencia se encargarían con los años de asentar esa valorización como un ideal, y hoy convergería con el gran dilema de la independencia.
     El modelo de periodismo independiente, ya preveía un esquema bajo el cual los reporteros, columnistas, y demás personas inmersas en este oficio pudieran desenvolverse en función de parámetros que respaldaran sus acciones.
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     En México donde la democracia ha poseído a lo largo de la historia tantas máscaras e inclinaciones, resulta exasperante creer que el país haya adoptado y practicado tal modelo de gobierno satisfactoriamente. Bien el latinobarómetro 2011, hoy indicaría que los mexicanos reprueban la democracia del país, habiendo poco menos de una cuarta parte, satisfechos con la forma en cómo se ha desempeñado ese demos kratos.
     Pero dentro de los márgenes de aquella independencia profesional y dentro de los territorios de una nación, ¿cómo puede ser considerado el periodista?
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     El hecho de que este profesional sea ciudadano, implicaría en términos estrictos que tiene una responsabilidad con la democracia. Con el simple hecho de votar o acceder a alguno de los derechos ciudadanos, se ratifica la pertenencia a un país determinado. Y por un lado el sentido de esas palabras tiene una lógica elemental, pero por otro, la cuestión de la independencia periodística hace el dilema aún más complejo. Porque en un país donde la democracia se aleja bastante de la utópica concepción griega, es fácil preguntarse ¿cómo ser fiel a un sistema infiel? Y no por banal orgullo sino porque ser dependiente a un sistema tan erosionado podría afectar uno de los principales intereses periodísticos, la verdad.
     El demos kratos que hasta cierto punto personifica al ciudadano no puede ser pasado por alto, independientemente de lo mucho o poco que el modelo esté funcionando, y es por ello que el periodista no puede desprenderse de esa concepción ciudadana. El periodista puede ser muchas cosas pero primero es ser humano, y como tal deberá tener una identidad que esté ligada a un Estado. No es parte del común denominador pero está inmerso en un modelo de gobierno democrático y por mucho que se deseen pintar fronteras como principio periodístico, su condición como miembro de un país determinado lo impide.
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     Sí, los periodistas son ciudadanos, sin embargo, en un sentido más estricto serían una especie de ciudadanos distintos, porque además de que su papel dirige la opinión pública y son receptáculos e intermediarios de información de interés humano, son un poder adversarial, como el modelo de independencia estructura. Los periodistas pisan ambas fronteras con mucho recato, dependerá de cada quién qué tanto asienta ambos pies en alguna de las dos.

miércoles, 26 de octubre de 2011

PUERTA 367


Un contrapoder con habilidades de encantamiento   
Anabel Vázquez Frontana


Bien se diría que para escribir hay que enganchar, atraer y encantar. Desde la columna hasta la nota informativa, la escritura siempre será un arte a dominar y estará inmersa en el complejo debate de la independencia periodística.

     Alejandro Manrique, editor de los servicios en español de la Associated Press e invitado del ITESM campus Cuernavaca, explicaría bien el modelo del periodismo independiente, el cual a pesar de no ser algo desconocido en nuestros días, siempre se presenta como un nuevo reto a la hora de tomar decisiones. El dilema de la independencia y la democracia está a la puerta diariamente y como Manrique preguntaría, seguramente todos nos preguntamos, ¿el periodista puede tener una responsabilidad con la democracia?

     La delgada línea divisoria y a la vez gran relación entre periodismo y democracia suele generar aun más preguntas. Ciertamente a mayor democracia mayor periodismo independiente, sin embargo, este demos kratos que personifica al ciudadano a quien el periodista le debe lealtad, me hace creer que la balanza se inclina hacía una positiva responsabilidad entre periodista-democracia. Bien diría Manrique que esa pregunta no se resuelve tan fácilmente, y es verdad, por muy sagrados que sean los principios del modelo de gobierno, muchas veces la democracia se torna más en una utopía que en una realidad, e inclusive en la “semilla de su autodestrucción”, como el editor de la AP razonaría al citar a Sartori.

     Dentro de este conflicto que a pesar de no tener fronteras claramente delimitadas, el periodismo en palabras de Manrique es un “contrapoder, el que balancea”, y que después de su vieja tensión con los novelistas y ensayistas, hoy puede sumergirse en el arte de la escritura para develar historias.

     Los géneros periodísticos evidentemente se clasifican por su dureza de hechos y de opiniones, pero independientemente de esa división, una cuestión es clara: para ambas hay que saber escribir.

     Pero el periodismo no solo son reglas de puntuación y transiciones, que aunque son sumamente importantes, hay una primicia aun más jugosa: el encantamiento. Ciertamente esta habilidad del periodismo no es tan nueva ahora, pero como el editor colombiano explicaría, “queremos que el lector esté ahí”, en el lugar donde todo pasó.

     El encantamiento surge de ese momento con el lector en el que periodistas novatos o veteranos dicen “lo hemos atrapado”, porque tal como Manrique explicaría, el periodista es intermediario, pero para mostrar y no decir, éste tiene que quitarse del centro. Es un punto en el que el lector se halla inmerso, de tal forma que no necesita que el periodista lo vaya guiando, la misma historia y hechos que se tejieron lo hacen por sí mismos.

     Bien se diría “cualquiera puede escribir, pero no cualquiera lo hace”. Manrique expresaría sabiamente “es un oficio y no es de genios”, y por mi parte agregaría que ciertamente “no es de genios pero tampoco de necios”.

jueves, 20 de octubre de 2011

PUERTA 367

El gran Tigre Asiático
¿más indiferente que nunca?

Anabel Vázquez Frontana

Fuera del morbo social del que Youtube en más de una ocasión es intermediario, hoy se nos presenta la conmoción por la niña de la nación más grande del mundo, cuyo sufrimiento fue motivo de evidente desidia para muchos.

     En un parpadear veríamos en los canales de miles de aficionados chinos y de otras nacionalidades, los uploads masivos del video desgarrador de una niña de dos años siendo arrollada en dos ocasiones e ignorada por más de una docena de peatones que pasaban a su lado. En menos de un día ya habían, tan solo de los videos en español, más de 15 canales tanto de cadenas de televisión como de usuarios comunes que mostraban el video, con más de 19,000 reproducciones en promedio. Además la cantidad de comentarios ofensivos, sarcásticos, de indignación y de reflexión hacia China fueron casi inmediatos y sin cese en redes sociales como Twitter y Youtube.

     Los consternados padres de la pequeña Wang Yue, sufren hoy el hecho de que la niña se encuentra en un coma profundo, y pese a su dolor no pueden ser excluidos de su responsabilidad. Independientemente de la cultura occidental que nosotros tenemos respecto a los niños, es poco lógico pensar que una transeúnte tan pequeña no corra peligro en un mercado de herramientas en donde circulan, aunque a baja velocidad, principalmente camiones.

     Otra cuestión que tendré que someter a escrutinio personal es por qué en una calle que, según la grabación en el mercado de herramientas de la provincia de Guangdong, los pocos autos que transitan a una velocidad considerablemente baja, perdieron de vista a una niña que sí, en su descuido infantil empezó a caminar en el centro de la calle, pero que no por ello se hacía invisible.

     Parece ser que esa idea, hasta cierto punto, satirizada en México de: “mejor gastos funerarios que de hospitalización”, no se toma tan a la ligera por algunos conductores del país. Las declaraciones del primer conductor, de acuerdo al China Daily, dejan mucho qué pensar cuando afirmó: “si está muerta, podría pagar solo 20.000 yuanes -aproximadamente unos U$S 3.125-, pero si está herida, me puede costar cientos de miles de yuanes”.

     ¿Verdaderamente acaso la cultura china de abaratar gastos también implica hacerlo con la vida humana? Y ¿será que tal desidia e indiferencia hubiera estado relacionada con el género de la pequeña, que ni siquiera una madre transeúnte que pasaba, se conmovió para prestar ayuda a Wang Yue?

     En parte, por el hecho de que en China está instaurada la Ley del hijo único, las condiciones para las mujeres suelen ser deplorables, porque la cultura de que tener una hija puede resultar “más caro y menos productivo” existe aun en la mentalidad de muchos de los habitantes de este país tan grande.

     Ello me recuerda al viejo reportaje de 1995, Las habitaciones de la muerte (TVE) donde a consecuencia de aquella política de natalidad, la presión por preservar el apellido, entre otras cosas, degeneró en asesinatos masivos de bebes (féminas), abandonos y “orfanatos del infierno” donde las niñas enfermas morían solas encerradas en cuartos sucios.

     Ciertamente no puede decirse que todo en China es muerte y crueldad, y habría que cuestionarse entonces si lo que percibimos casi siempre de esta nación verdaderamente es más un arquetipo que una realidad. Pero algo es seguro, un país se define por su gente, por sus costumbres, por lo que hacen y no hacen, por cómo conviven sus habitantes unos con otros. A China la hacen los chinos, y la indiferencia tan flagrante de más de una docena éstos, ante una niña de dos años, nos hace preguntarnos si verdaderamente el gran Tigre Asiático ha creado hijos devotos al imperio pero muy poco a la humanidad.

domingo, 16 de octubre de 2011

PUERTA 367

Ya basta, enough, adesso basta
¿En qué idioma te lo explico?

Anabel Vázquez Frontana


Hasta qué punto soportamos la indignación, a veces se necesita solo una voz para abrir la puerta a un grito de molestia, de hastío, de tener que vivir de la forma en que lo hemos hecho.  Así, el movimiento de los indignados que comenzó en España y que se ha ido desarrollando con el famoso Occupy Wall Street del mes pasado en Nueva York, está despertando a cada vez más naciones.

     Se sumaron a la primera movilización mundial de los indignados miles de activistas en sus respectivas naciones; estadounidenses, mexicanos, japoneses, italianos, chilenos, costarricenses, canadienses, austriacos, alemanes, ingleses, suizos, españoles, entre otros. Aunque cada manifestación tuvo el toque particular de las injusticias contra las que cientos de ciudadanos buscan un “cambio global”, la gran mayoría partieron del reclamo a las tan poco balanceadas oportunidades de desarrollo económico y social, y de la inicua gestión de los gobernantes a causa de la crisis económica europea.
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     En el caso de México, uno de los más simples índices de desigualdad implicaría voltear la mirada y dirigirla a los gobernantes, y al “servicio público” que nos brindan. Este “servir” justamente a los ciudadanos se limita en muchos casos a unas despensas y electrodomésticos con la finalidad de ayudar, casualmente en periodos electorales. Por otro lado, lo “público” que desde su acepción más terrenal hace referencia a lo de “todos” invierte la balanza con sueldos y prestaciones ridículamente desiguales.
     Como muchos se han preguntado yo pregunto hoy: ¿es posible que un diputado que gana mensualmente $69 mil más $50 mil por asistencias –entre otras prestaciones-, represente a un hombre, mujer o niño que vive en las calles y no tiene qué comer? Y bueno, tal vez los de mente más utilitarista pensarán que mi tono es un poco exagerado. Pero no lo es, no cuando en México, un país con más de 106 millones de habitantes, se tienen 52 millones en pobreza (Coneval 2008-2010). Ciertamente el trabajador es digno de su salario, pero la pregunta aquí es cuál es ese trabajo que se hace merecedor de tan excelsas retribuciones.

     De igual forma, en otros países como Chile en donde irónicamente los jóvenes tienen que luchar por una educación gratuita que les corresponde por derecho; la disfuncionalidad económica del sistema tributario que aporta tan poco presupuesto a la educación, seguramente tendrá reservado su lugar en el “salón de la infamia” ciudadana.

     En Europa, donde ahora el tema de las medidas de austeridad se debe tocar casi con pinzas, los indignados italianos manifestándose en las calles de Roma y cubiertos bajo el mar de carteles que gritaban: “una solución: revolución”, denunciaron las disposiciones del primer ministro Silvio Berlusconi. El problema de las injustas políticas bancarias, recortes públicos y desempleo enardecieron durante la movilización, y aunque desafortunadamente encapuchados mancharon la misión pacífica de esa manifestación, no debemos perder de vista que el problema sigue ahí.

     Ciertamente la crisis Europea está golpeando con mano dura a muchos países pero la desigualdad y la inseguridad por la que luchan todos los activistas alrededor del mundo no es producto de la crisis que comenzó el año pasado. Ello se ha hecho más visible, sí, y al igual que el problema de que el gobierno no responde por los intereses de la mayoría sino de la minoría más poderosa, existe ya desde hace tiempo.

     Entiendan, el capitalismo y cualquier otro modelo, para bien o para mal lo hacemos todos, no solo las élites, los poderosos y aquellos cuya dirección corporativa lleva un Wall Street impreso. Hoy muchos nos vemos afectados y solo unos cuantos son beneficiados, tenemos muy poca inclusión en las decisiones de la economía de nuestros países y al final somos los principales afectados. En qué idioma lo tenemos que decir para que se haga algo. Tomen nota, porque por unión ya somos políglotas.

lunes, 3 de octubre de 2011

PUERTA 367

          Hay que estar preparados

            Por Anabel Vázquez Frontana


Sin escape (Abduction, EUA 2011), filme dirigido por John Singleton y protagonizado por Taylor Lautner y Lily Collins, muestra la vida de Nathan, un adolescente rebelde, parrandero y de mal carácter. Todo comienza cuando por accidente encuentra una foto suya de pequeño en un sitio web destinado a niños desaparecidos o secuestrados.
Nathan continúa investigando más y más hasta que descubre que las personas con quien él ha vivido no son sus verdaderos padres, ocasionando que los villanos de la historia los asesinen y den con el paradero del joven. Ahora Nathan debe huir si quiere vivir y hallar las respuestas a todas las preguntas que le han llovido de la nada.
Pero no hay que temer por él, está bien que no tenga escape pero no por ello debe intentarlo solo. Todo buen protagonista necesita de la compañía de alguien del sexo opuesto, y quién mejor que su amiga de la infancia, la bella Karen para esquivar juntos las balas.
Suena bien ¿no? y es que la trama de la cinta ciertamente es interesante y tiene un concepto explotable, la historia del complejo del hijo adoptivo es eficaz como en la mayoría de las veces y el misterio al igual que la psicosis de “no confíes en nadie”, guía los pasos de los espectadores por buen camino.
Pero al ir siendo llevados por este sendero llegamos a un punto en el que se nos rompen los zapatos a causa de una que otra piedra pues por un lado, los argumentos de los personajes en más de una ocasión no son fieles a la trama o los eventos, tanto que la historia transcurre poco natural. Por ello es que no puedo sacarme de la mente la ahora para mí épica escena en la que Lautner esforzándose en su papel, marca al 911 desde un teléfono del hospital, para que al quedar en espera por la operadora un agenta de la CIA le llame repentinamente por su nombre. Desde la emoción de nuestros asientos esperamos una reacción lógica: ¡cuelga el teléfono! o simplemente que se entienda que alguien sospechoso está hablando. Pero no, vemos una estática reacción del personaje para después casi de manera prefabricada escuchar algo parecido a “un momento…cómo sabes mi nombre”.
Con algo de recelo y tristeza veré con otros ojos la actuación de Taylor Lautner, parece que si de actuar se trata, en esta contienda el licántropo le ganó al ser humano, pues este joven actor no nos permitió tener esa sensación de comodidad cuando estamos frente a la gran pantalla comiendo plácidamente unas palomitas en nuestras butacas. La actuación no fue del todo fluida, no se le veía muy cómodo con el papel que desarrolló.
Y qué sobre la acción, tengo que decir que no soy ferviente admiradora de la destrucción masiva de autos y en el caso de Sin escape los efectos especiales no son malos, sin embargo aquí el pecado no es por la calidad sino por la cantidad pues para ser un film de persecución, los efectos no fueron del todo emocionantes.
 Abduction es un filme que tiene acción, romance y una pizca de drama familiar, plantea un concepto que guía bien los sucesos por un camino esperado, puede ser una opción interesante para ir al cine sólo que hay que estar preparados para encontrar uno que otro bache en el camino.