Por Anabel Vázquez Frontana
La idea del deber para con la sociedad y de la necesaria retribución a ésta, por mucho tiempo ha resonado como un asunto de interés fundamental, sin embargo el reto de aplicarlo a la vida real sigue siendo el mismo que el de la década pasada, y la pregunta que se repite constantemente es cómo hacer parte de nuestras vidas ese deber.
Hoy nos encontramos ante un mundo que se muestra inclemente y es necesario ver que en pleno siglo XXI no somos sociedades tan adelantadas como creíamos. Lo negro del panorama que esta aislando cada vez más los conceptos de solidaridad y universalidad ética debe ser curado desde sus cimientos más profundos: nosotros.
El Tecnológico de Monterrey al igual que otras universidades importantes en el mundo, ha implantado el sistema conocido como Plan para el Mejoramiento de la Calidad del Aprendizaje, que tiene como finalidad el desarrollo de competencias éticas y ciudadanas en los estudiantes. De éste se destacan 4 competencias fundamentales que se subdividen a su vez en 2 éticas y 2 ciudadanas. Claramente las 2 primeras hacen un énfasis en la reflexión de dilemas éticos y en el respeto hacia los demás y su entorno, mientras que las segundas se basan en la solidaridad y responsabilidad social[1].
Tal como afirmaría el Dir. de asuntos estudiantiles Erick Mondragón Campuzano, en el Congreso de Ética y Ciudadanía 2011 del ITESM, debemos ser partidarios de la idea de que “somos privilegiados de estar aquí”, de ser parte del limitado porcentaje de personas que tienen una carrera universitaria, y en una institución privada. Precisamente por ello este plan de mejoramiento intenta fusionar la filosofía kantiana del imperativo categórico con la de propiciar un beneficio para la mayoría de las personas, de Stuart Mill[2]. Fusionando ambas corrientes teóricas tendrá lugar la aplicación práctica.
La forma más efectiva de corregir la pereza que ahora nos ha endeudado tanto tiene lugar en la educación. La intervención en grupos controlados (Activación QEP) y la aplicación de la técnica aprendizaje-servicio, acercan a los estudiantes a la realidad de su entorno para propiciar que la formación de ese deber tan anhelado vaya enraizándose cada vez más. Favorecer la reflexión y evaluación de un dilema ético en el salón de clases podrá ser algo diferente al de una oficina de trabajo, sin embargo hay una clara intersección y es que el actuar ético de un individuo siempre tendrá repercusiones hacia los que nos rodean, eso debemos tenerlo siempre presente.
La técnica de aprendizaje-servicio en una materia escolar ciertamente pone en contacto al alumno con aquella parte de la sociedad con la que no subsiste diariamente, mantiene el patrón de la enseñanza al momento que lo vincula con comunidades para resolver un problema en particular. Sin embargo habría que ser muy delicados respecto el debate de los propósitos que motivan a los estudiantes a realizar un deber en esta técnica, si nos basamos en la teoría kantiana relacionada al eliminar el influjo de la inclinación.
De cualquier forma, lo que sucede en nuestro entorno es claro, México tiene una gran deuda por la hipoteca social, concepto que inminentemente surgió en el Congreso 2011 del ITESM. Hemos dejado que las cuentas se hayan ido acumulando y al final, de una forma u otra habrá que pagar un precio. Imaginar que en nuestro país la corrupción succiona del PIB más de lo que éste aporta para educación es ridículo. Siendo privilegiados, tenemos inherentemente que escuchar una premisa, le debemos algo a la sociedad. Como se afirmaría en las producciones cinematográficas más populares, “grandes poderes, conllevan grandes responsabilidades”.
La entrada, aunque interesante, resulta algo enredada. Muy informativo, bien, pero creo que faltó opinión y, sobre todo, juicios. Es mejor si no usa notas a pie. Creo que atinó al final con un remate informal porque se había puesto algo aburrida. Me gustó, nada más que hay que soltarse un poquito más en los géneros de opinión.
ResponderEliminar